El escenario actual del diseño se confunde entre una motivante expectativa de interés y crecimiento dentro del ambiente educativo y de productividad en nuestro país (http://www.historiadiseno.ec). Pero lastimosamente aún conserva muchas incongruencias en muchos aspectos, por ejemplo existe un choque cultural que enmarca muchos deseos insatisfechos entre diferentes conocimientos que guardan grados de rivalidades, asumiendo que tal o cual perfil es el ideal para crear, idear o innovar, desconociendo que cada uno de ellos se basa en diferentes valores, creencias y principios. Prueba de esto es que, al diseño se lo tiene aún relegado a un atavío puro de manufactura, con total dependencia de las decisiones de gerencia, publicidad y mercadeo; perdiendo la oportunidad de actuar en otros ámbitos de las estructuras institucionales o corporativas como los de la planificación, creación, organización, toma de decisiones, etc.

Pero sobre todo las empresas insisten en ocultar el reconocimiento que debe hacerse a los procesos propios de nuestra disciplina, porque según suponen, no aporta con potenciales ideas generadoras de “cambios”. Esto puede tornarse en una gran equivocación, porque el objetivo de cualquier negocio es identificar a un cliente y su demanda a fin de suministrarle el producto o servicio que lo satisfaga. Por lo tanto el éxito de la empresa no radica en la oferta puntualmente, sino en aquello que el consumidor considera valioso y lo motiva para decidir su adquisición. Aquí está la clave: los expertos, gerentes, directores, conocen muy bien el mercado, la industria, el ambiente económico, etc., pero los únicos que desde las aulas nos forjamos para aportar con un valor agregado o con características diferenciadoras al usuario-sujeto, somos los diseñadores… ¿Pero la responsabilidad de entender lo mencionado, está en la grande o mediana empresa?, la verdad que no, ya que la empresa ha subsistido mucho tiempo sin los creativos como los conocemos hoy y se han mantenido hasta la actualidad, pero también han hecho las cosas mal y si los diseñadores no se preocupan de ganarse su propio espacio en esta gran estructura, van a seguir relegándonos del primer escenario del crecimiento social y económico de este mundo.

Los diseñadores no saben vender diseño; y si la palabra suena cruda o severa, imagínense que muchos, hasta el día de hoy, no saben siquiera que es “Diseño”; triste realidad. Si cuando un alumno, que ingresa a las aulas, tuviera la certeza que va a adquirir capacidades y conocimientos para servir a la sociedad para estar atento a las oportunidades que le brinda, que debe tener iniciativa para emprender y ser autónomos financieramente, que debe actualizarse constantemente para utilizar nuevos métodos de trabajo y auto evaluación, que sus creaciones pueden contribuir al bienestar social de diversos sectores y que sobre todo, que es una disciplina que debe llevarse a carta cabal con método, juicio y con defensa de nuestros propios valores como gente empoderada de valores estéticos y funcionales, pues otra sería la historia.

Sociedad Disciplina

Entonces, a donde apunta la propuesta de ofrecer “Gestión del Diseño”, por ahora no es establecer horarios fijos para exponer este concepto en sesiones particularizadas, sino mas bien se enfoca en instaurar un discurso común, discurso que desde la disciplina del primer enfrentamiento con los actores exponga una propuesta clara y firme acerca del porque el diseño no es netamente arte, aunque se valga de él para producir belleza, no es llegar a tener un buen estilo, tampoco se la puede comparar con una ciencia y mucho menos es magia y de paso contarle al novato creativo que si bien en diseño aprenderá de publicidad, marketing, técnicas de ilustración, medios de comunicación, etc., es deber de todos los involucrados reconocer las facetas específicas en las que interviene nuestra profesión, y sobre todo el cómo, nuestra disciplina fortalece a sus pares…¡Ah pero eso sí!, podemos llegar a ser grandes publicistas, generar ideas comerciales brillantes, exponer nuestras obras estéticas con absoluta honra y responsabilidad, y si el espacio del diseñador se ha forjado en la sincronía de saberes y experiencias, le tocará especializarse en cualquiera de los ejes de la comunicación que más le interese para ocupar y escalar a otros niveles jerárquicos donde quedará olvidada la sub-ocupación del que era parte.

Pero si es Cuando haya traspasado el umbral de este paradigma, la integridad de su vocación se irá reflejando en la transmisión de sus sapiencias, de manera generacional y comunitaria, ya sea de forma racional o irracional, proponiendo ser un sujeto conocedor de contextos y ambientes ávidos de generar oportunidades de negocio, una incubadora de ideas destacadas, un profesional competente y educado que comprende a la colectividad y a sus necesidades sociales, políticas y ambientales; que superan el objeto oferta que propone la sociedad de consumo y se concentra en el usuario que necesita cambios de conciencia de gasto y de mejora en prácticas más humanas, aquel ilustrado que duda de su misma seguridad y evalúa periódicamente las causas y resultados de su proyección laboral diaria y que finalmente elabora los proyectos a su cargo, siempre con la propuesta firme de superar sus propios límites para no caer en el tedioso y corriente camino de la aceptación, muchas veces culposa de los errores que se vaticinan cuando aún las ideas de otros se están generando.

De cierta manera, este artículo aclara ciertas desviaciones de percepción que se tiene en referencia al mundo creativo.

Por eso en Kingmo Int entrenamos a nuestros diseñadores para que sean capaces de brindar soluciones, no solo gráficas sino estratégicas, de concepto, acordes a una realidad tecnológica de punta y con criterios enfocados al éxito de nuestros clientes.

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